domingo, 17 de julio de 2016

EL HOSTAL MENDIA DE TOLOSA

Leo con alivio que tras el acuerdo entre la Confederación Hidrográfica y el Ayuntamiento de Tolosa, se desbloquea el plan de regeneración de la zona norte del Casco Viejo tolosarra comprendida entre la Plaza de Gorriti y el solar que ocupaba el ya desgraciadamente derribado edificio de Gráficas Laborde y Labayen. Con la demolición de este último se perdió una magnífica oportunidad de preservar un inmueble con un innegable valor arquitectónico y que bien podía haber albergado un necesario Museo del Papel en nuestra villa.
Mi alegría se acrecienta al leer que se rectifica, aunque no por convicción, sino por necesidad, la decisión inicial de derribar también el actual Hostal Oyarbide.
El acuerdo con la entidad hidrográfica ha hecho necesario cambiar el plan inicial y ello posibilita que se conserve el histórico edificio, derribando únicamente los anexos que lo afeaban y le quitaban valor.
El actual Hostal Oyarbide, para la gente de mi generación, Hostal Ereñaga y anteriormente Fonda Martija y Hostal Mendia es uno de los edificios hosteleros más antiguos de Gipuzkoa ya que desde su construcción en el año 1800 hasta la fecha, con mayor o menor éxito, ha venido manteniendo su cometido de hospedaje.
Como refleja nuestro amigo José Antonio Recondo en su obra "El Camino Real de Tolosa a Pamplona" (2010), la construcción del Camino Real de Coches de Madrid a Irún en 1780 y el Ramal de Tolosa a Pamplona en 1793, propició que nuestra villa se convirtiera en lugar de parada de múltiples viajeros de la península que se dirigían en diligencia a Francia o viceversa, como lo atestiguan las referencias que dejaron muchos de ellos.
Ya hice referencia a ellas en otra entrada de este blog titulada Viajeros y Tolosa, con motivo de la presentación del citado trabajo de Recondo.
Es conocida la visita del escritor Víctor Hugo en agosto de 1843 con su amante, la actriz Julieta Drouet, aunque antes lo hicieron otros como el general inglés Andrew Thomas Blayney, quien recorrió la península como prisionero de guerra de los franceses durante el año 1810 desde Fuengirola, donde fue hecho prisionero, hasta pasar la frontera por Irún.
El trato privilegiado a los oficiales prisioneros era una práctica común en los primeros años del siglo XIX. Los grandes ejércitos europeos se nutrían de jóvenes aristócratas para cubrir sus plazas de oficiales y cuando caían prisioneros, una solidaridad de clase y la confianza que otorgaba su común educación hacían que fuesen tratados más como huéspedes que como reos.
De nuestra villa refiere lo siguiente: "El 15 de enero por la mañana nos pusimos en camino. El país era muy montañoso y estaba, ya cubierto de árboles, ya bien cultivado... Al mediodía llegamos a la antigua Iturissa (en esta denominación coincidirá luego Víctor Hugo), situada en las orillas del Araxes y del Oria, sobre los que había dos hermosos puentes. Vimos a varios vizcaínos reunidos en el mercado. Tenían aspecto de vivir sin privaciones y parecían de modales amables. Las mujeres de esta provincia son célebres por su belleza y las que tuve ocasión de ver no me parecieron estar por debajo de su reputación. El mercado estaba bien surtido de toda clase de comestibles. Encontramos en Tolosa una excelente posada, lo que es muy raro en los pueblos de España".
La posada Mendia nace  en 1800 al finalizar el siglo XVIII, por iniciativa de Pedro Juan Mendia Izaguirre (Olaberria 1734, Tolosa 1813), maestro de Postas, quien instala en sus bajos la nueva casa de Postas, que hasta entonces había estado situada en la calle Correo, número 9.
En la que hoy llamaríamos su acta de posesión del nuevo empleo en 1777, se comprometía por cuatro años para la conducción de las dos malas (valija de correo o posta ordinaria) semanales en la ida y vuelta desde Tolosa a las siguientes postas (Urnieta hacia el norte y Villafranca (hoy Ordizia), al sur. Para ello aseguraba que dispondría de al menos cinco caballos debidamente pertrechados y alimentados en su casa y no fuera de ella en pastos o dehesas, con el fin de que estuviesen siempre prestos a conducir las malas ordinarias o cualquiera extraordinaria que pudiera surgir por necesidades del estado.
Renovará la licencia hasta un año antes de su muerte acaecida en los primeros años del nuevo siglo.
La actual Plaza Gorriti, en honor del que fuese insigne músico Felipe Gorriti Osambela (Huarte Arakil 1839, Tolosa 1896), que vivió en la misma, precisamente frente al edificio que nos ocupa, mantiene su fisonomía actual desde que, bautizada como plaza de Arramele, en 1803 se derribase la casa Zaldibia que la cerraba al norte y el puente antiguo que obligaban a las nuevas y rápidas diligencias a frenar bruscamente al finalizar la calle Correo y girar 90º para enfilar el puente.
A Pedro Juan Mendia le sucedería en el cargo Ramón Elorrio Martija (Tolosa 1773-1855) y es a él a quien los herederos de su antecesor arriendan el edificio que seguirá manteniendo el nombre de Hostal Mendia.

Enfrente del mismo existió también otro establecimiento hotelero muy reputado en la época, la Casa Fonda Sistiaga, en el que se alojó Víctor Hugo en su viaje antes reseñado de 1843, así como el 3 de abril de 1849, siendo entonces Tolosa capital de Gipuzkoa, ante un sorprendido notario y secretario de la villa Juan Fermín de Furundarena, abdicará Carlos Alberto de Saboya, rey de Cerdeña. Poco podía imaginar entonces que pocos años después su hijo sería Rey de la Italia unificada, y menos que los tolosanos entre los que se encontraba serían súbditos de su nieto Amadeo, entonces un niño, eso sí, de forma efímera (1871-1873), dando paso a la Primera República (1873-1874), en pleno conflicto de la Tercera Guerra Carlista (1872-1876). Convulso siglo el XIX.
La primera compañía de diligencias se establece en Madrid en 1819 con el nombre de Compañía de Diligencias Generales. En la segunda mitad del siglo, la compañía Diligencias Peninsulares, posteriormente denominada Postas Peninsulares,  gestiona en solitario todos los recorridos de larga distancia de la península. Los maestros de postas son elementos clave, ya que se responsabilizan del servicio de viajeros, de la conducción y entrega de la correspondencia, de las comidas, alojamientos, caballerías, etc...
Siguiendo el libro de Recondo, vemos que en 1845, el referido maestro de postas Ramón Elorrio poseía 11 caballerías, tres postillones y un carro.
En Tolosa, la compañía tiene su cochera en el bajo del Hostal y la cuadra en la planta baja de la casa situada en la confluencia de la calle Emperador y la Plaza Gorriti.
Todavía hoy en la fachada del hostal se mantiene un cartel indicador que recuerda el paso de vehículos de tracción animal.

Este ir y venir continuo de diligencias y carros haría que popularmente se conociese a la plaza, auténtica área de servicio de la época, como "de los cocheros". Allí paraban todos los correos y diligencias que se dirigían o venían a Francia, Madrid, Zaragoza, Betelu, Azkoitia o Bergara. La inauguración del Gran Hotel Balneario de Betelu en 1883 supondría un incremento del tráfico de bañistas que se dirigían a tomar las aguas en la localidad navarra.
Así llegamos al siglo XX, en el que Agustín Martija y José Domingo Etxabe crean la Compañía de diligencias Etxabe y Martija (1902), que conectaba Tolosa con Azkoitia, Berastegi y Betelu., regentando además el Hostal Mendia. 
Algunos desgraciados accidentes harían perder prestigio a la empresa y los dos socios emprenderán caminos separados, quedándose Agustín Martija con el Hostal Mendia, rebautizado como Fonda Martija y con las líneas a Betelu y Azkoitia, mientras Etxabe se queda con la línea a Berastegui. A los pocos años, todos los vehículos son ya a motor y en 1921 ambas compañías ya sólo tienen autobuses.
La Guerra Civil (1936-1939) supondrá un quebranto para ambas empresas, ya que se ven obligadas a poner sus autobuses al servicio de las tropas sublevadas. La Compañía Martija no sobreviviría a la guerra, mientras la empresa de Etxabe siguió operando hasta hace unos pocos años en el trayecto entre Tolosa y Berastegi.
El edificio hostelero cambiará de propietarios y pasará a denominarse Hostal Ereñaga, siendo durante muchos años uno de los pocos negocios hoteleros de Tolosa. Sobre el edificio anexo utilizado como garaje de coches junto al río, contaba con una elegante terraza.
En los años 90 del pasado siglo pasará a ser Hostal Oyarbide, manteniéndose como tal en la actualidad.
Esperemos que el acuerdo al que nos referíamos al inicio sea una realidad y este edificio como todo su entorno tengan el tratamiento que por su singularidad e historia se merecen. Con más de doscientos años a sus espaldas como establecimiento hotelero merece seguir en pie, testigo del paso de nuevos viajeros.

domingo, 14 de febrero de 2016

INAUTERIAK 2016

Este año y por exigencias del calendario católico nos han tocado carnavales tempraneros. Una vez perdido el sentido religioso que han tenido durante los últimos siglos, como días de alegría y desenfreno antes del inicio de la cuaresma, podríamos determinar unas fechas fijas para su disfrute.
La cuaresma tal y como la hemos conocido hasta finales del siglo XX (hoy en día, como casi todas las fiestas, ha perdido su carácter religioso) comienza a practicarse durante el siglo IV. No es de extrañar que a esos días de oración, ayuno y limosna les precedieran unos de festín, gasto y alegría.
Liberados de todo este sentido, para la mayoría son unas fiestas divertidas donde dar rienda suelta a nuestra parte más desinhibida, que en el caso de Tolosa, afortunadamente, hemos vivido desde nuestra niñez. Como es sabido, pervivieron durante los oscuros años del franquismo bajo el eufemismo de Fiestas de Primavera.
Valga este preámbulo para decir que en Tolosa el carnaval ya carente de su sentido religioso primigenio, es un sentimiento que la mayoría de tolosarrak vivimos de una forma u otra, con más o menos implicación, pero siempre con un poso de satisfacción, estemos o no presentes en la fiesta.
Como ya llevo varios años reflejando mis iñauterik en este foro, no dejaré de hacerlo este año.
Como siempre, comenzamos el Jueves Gordo (Ostegun Gizena) o Lardero por otros lares. Los que ya dejamos la adolescencia atrás hace unos cuantas primaveras no tenemos costumbre de asistir al txupinazo (este año con castellers incluidos), entre otras razones porque nos pilla trabajando, y comenzamos la fiesta con la cena en las sociedades o bares del pueblo.
Fuente: www.noticiasdenavarra.com
Alrededor de la Plaza de Toros, el ambiente ya deja sentirse desde el mediodía cuando nos acercamos a probar el primer pintxo de txistorra o chorizo del día, otra de las costumbres de la jornada.
Como siempre, espléndida cena en nuestra sociedad, Iurre, tras la que nos acercamos hasta el Beti-Alai, donde nuestros compañeros de la txaranga Kabila están ya con el café, para salir tocando por las calles de la Parte Vieja durante unas horas.
Es el único día del año en el que podemos mirar alrededor a las 5 de la madrugada y ver gente de nuestra generación y de algunas anteriores.
Hasta el domingo, descanso, y este año por razones que no vienen al caso, más obligado si cabe.
El domingo, Zaldunita, amanece uno de estos días primaverales con viento sur otoñal que nos está deparando este invierno atípico y que celebramos y aplaudimos en carnavales. Salimos nuevamente con la charanga de la sociedad, Iurre, tocando la Diana (conocida como la 1 del repertorio musical carnavalero tolosarra) por el barrio, lo que agradecen los vecinos todos los años saliendo a los balcones, ya que será la única txaranga que se acercará por estos lares durante el día.
Tras el preceptivo almuerzo, inmersión en el ambiente por San Francisco y la Parte Vieja, una vez atravesada la frontera catalana instalada en la Puerta de Castilla.
Vuelta a la sociedad para comer, sobremesa y nuevamente a tocar por las calles.
El lunes, Astelenita, vuelve a salir un día espectacular lo que anima aún más si cabe las calles y sobre todo, una suerte para las actuaciones carnavaleras de los grupos de tiempo libre.
Este año no hemos preparado nada especial y salimos tranquilamente a la hora del vermouth. Después de comer, visita obligada al Izkiña para bajar en kalejira con las txarangas a la salida de los toros.

Y el martes, Asteartita, este año,  tras el fallecimiento del recordado amigo Joaquín Arratibel, me toca asumir la responsabilidad de portar capa y batuta de director del Kabila.
Como todos los años, empezamos temprano, a las 7 y media, para acercarnos desde la plaza Vieja hasta la de Toros para asistir al tradicional Toro del Aguardiente. Este año y sin que sirva de precedente, llegamos puntuales, aunque eso sí, detrás del resto de txarangas. Tradición kabileña.
A la hora del almuerzo, visita al Centro Gerontólogico Uzturre, sucesor de la que fuese Clínica San Cosme y San Damián. Otra tradición kabileña que hunde sus raíces en los 50, cuando al final del toro del aguardiente se soltaba una vaquilla en exclusiva para la charanga del Kabila (entonces no acudían todas las charangas como ahora al toro matutino de los martes) y hubo que acudir a visitar a algún accidentado a la citada clínica, lo que acabó convirtiéndose en tradición.
El tiempo aguantó hasta el mediodía, pero nuestras ganas y ánimo mantuvieron el nivel hasta las 9 de la noche, cuando acabamos la jornada. Día largo pero sarna con gusto, no pica.
Y para finalizar, hoy, Domingo de Piñata, nueva salida con el Kabila para  homenajear a Pipar o Pipas, por sus 60 años con su bombardino con nuestra txaranga y un recuerdo especial para Joaquín Arratibel. Día entrañable, emotivo y alegre al mismo tiempo, que hemos celebrado con kalejira y poteo por la parte Vieja y posterior comida en el primer piso del Casino, que se ha alargado hasta bien entrada la tarde-noche.
Bonitos regalos los cuadros pintados por Iñaki Goikoetxea y excelente colofón a unos Carnavales cada año mejores. Gora Tolosako Iñauteriak!

domingo, 22 de noviembre de 2015

TECNOLOGÍA E INMORTALIDAD

Sumidos como estamos en plena revolución tecnológica, las noticias sobre próximos avances y estudios que aprovechan dicha evolución de las tecnologías se suceden en los noticiarios. Una de ellas, recurrente desde hace dos o tres años, es la posibilidad de conseguir la inmortalidad de los individuos de nuestra especie, mediante una supuesta transferencia de nuestra conciencia con toda su experiencia y conocimientos acumulados a un soporte sintético que la perpetúe en el tiempo.
Vaya por delante que siempre he pensado que el fin último de la evolución humana es llegar a conseguir la inmortalidad de la especie.
Los multimillonarios crecidos alrededor de las nuevas tecnologías financian con grandes cantidades de dinero diferentes proyectos encaminados a avanzar hacia la inmortalidad. Los fundadores de Oracle, Paypal o Google son algunos de los que no se resignan a desaparecer como vulgares mortales.
Pero el más osado y conocido de ellos es el multimillonario ruso Dimitri Itskov, quien además ha comenzado a invertir con este cometido a una edad temprana, treintañero él, para que le dé tiempo a llegar. Itskov es presidente de New Media Stars, un conglomerado ruso que dirige varias agencias de noticias en línea.
El proyecto que financia, conocido como Avatar, consta de cuatro etapas, la primera de ellas Avatar A, estaría cerca de conseguirse y consiste en la creación de un robot controlado por nuestro cerebro.
Avatar B se alcanzaría trasplantando físicamente nuestro cerebro a un cuerpo sintético; a la etapa C llegaríamos cuando seamos capaces de volcar el contenido cerebral a una mente sintética y la fase D, culmen del proceso, consistiría en la creación de un holograma que reemplazaría a nuestro cuerpo y nuestro cerebro. Según las previsiones del proyecto alcanzaríamos este punto en 2045. Que no e trata de un experimento banal lo certifica la colaboración de científicos de renombre, aunque quizá atraídos por la alta inversión en juego, y que hasta el Dalai Lama haya apoyado el proyecto.
Huelga decir que todo esto nos plantea multitud de enigmas y conflictos éticos que resolver, el primero y no difícil de responder sería quién tendrá acceso a ello.
Pero antes de seguir, hagamos un poco de historia del pensamiento al respecto.
Desde que el hombre adquiere la facultad de pensar, las religiones han ocupado este espacio de solventar el enigma de la muerte. Dos tradiciones principales se han extendido por el planeta a lo largo de los siglos, si bien todas las culturas ya desaparecidas tuvieron su propia visión.
Para los egipcios, la muerte física podía ser vencida por el hombre que había sido piadoso, alcanzando así la vida eterna junto a Osiris, una vez superados los peligros que le acecharán durante su viaje por la ultratumba hasta arribar al Reino Celeste. Necesitará de la eficacia de la magia para lograrlo, en un principio reservada al Faraón, más adelante al alcance de los nobles y finalmente se democratizará y serán muchos los egipcios que a través del "Libro de los Muertos" tendrán acceso a las fórmulas mágicas que facilitarán su tránsito al más allá.
Este concepto de inmortalidad ligado a las buenas obras durante la existencia terrenal, los justos y los injustos, etc... es el que llegará hasta nuestra sociedad occidental a través de la tradición judeo-cristiana y el islam.
La otra gran corriente religiosa es la de las diferentes creencias orientales, que en sus diversas variantes tienen siempre un punto en común, la idea de la reencarnación, bien de forma individual como en el hinduismo o como un flujo continuo de estados de conciencia en el budismo.
En cuanto a la tradición filosófica occidental, las más antiguas creencias de los griegos partirán de la idea de un alma que separada del cuerpo no adquiere la inmortalidad sino que languidece como un recuerdo inmaterial del individuo que existió.
Los primeros planteamientos filosóficos allá por el siglo VI a.C. parten de esta idea, pero dotarán al alma de una naturaleza material, si bien distinta de la que constituye el cuerpo.
Al mismo tiempo, se introducirá una nueva concepción dualista del ser humano, a través del orfismo, creencia religiosa de origen oriental, para la que cuerpo y alma constituyen dos elementos opuestos. Mientras el alma que anima al cuerpo es de origen divino y eterno, el cuerpo es concebido como una suerte de cárcel del alma, de la que sólo puede librarse mediante la purificación. Mientras no la alcance, el alma se verá obligada a transmigrar de unos cuerpos a otros. Nos suena, ¿verdad?
Como podemos apreciar, aquí confluyen las dos corrientes de las que hablábamos, la oriental y sus reencarnaciones en sus diversas variantes y la tradición egipcia de la inmortalidad ligada a las buenas obras durante la existencia terrenal, la conciencia del pecado, etc.
Los filósofos pitagóricos y Platón a través de éstos, recogen y amplían esta idea.
En varios de sus Diálogos, sobre todo en el "Fedón", Platón nos desarrollará su teoría, mediante el relato que mantuvo Sócrates con sus amigos en la prisión el día de su muerte. Ahí nos formula sus famosos cuatro argumentos que demuestran la inmortalidad del alma: el de la reminiscencia y la simplicidad, basados en la teoría de las Ideas y el de los contrarios y el principio vital, basados en las creencias de la época.
La noción griega del alma está relacionada con su concepción teológica del cosmos según la cual la materia es eterna e indestructible y todos los cambios están regidos por una fuerza interior (physis), origen de todas las cosas y de todo movimiento.
En Aristóteles, a diferencia de Platón, no hay una afirmación expresa de la inmortalidad del alma, más allá de una mención a la eternidad de una Inteligencia Cósmica, única para todos los seres humanos. Tampoco en Platón, la idea de inmortalidad es personal, individual, sino que todas las almas son iguales y cuando se reencarnan en un nuevo cuerpo, adquieren una nueva individualidad.
La filosofía medieval tratará de hacer compatibles estos planteamientos aristotélicos y platónicos con los dogmas de la religión cristiana, como el de la creación. El alma seguirá sobreviviendo a la muerte, pero convertida en una entidad superior a la meramente biológica, pero en este viaje le acompañará también el cuerpo.
A comienzos del siglo XVII, Galileo y Descartes pondrán los cimientos de la ciencia y filosofía modernas. La nueva ciencia de Galileo tiene como consecuencia una nueva visión de la Naturaleza, desplazando la antigua concepción teológica del cosmos. Éste es visto ahora como un mecanismo de fuerzas en el que los cuerpos se conectan mediante leyes mecánicas medibles a través de fórmulas matemáticas.
En este contexto, alma y cuerpo serán para Descartes dos sustancias de naturaleza distinta. Mientras el cuerpo se rige por las leyes mecánicas que regulan el cosmos, el alma se regirá por leyes lógicas que ya están impresas en la mente antes del nacimiento. Esto planteará un nuevo problema: la relación entre mente y cuerpo y la prevalencia de uno sobre el otro.
Los filósofos racionalistas como Spinoza o Leibniz tratarán de resolver este problema siguiendo la noción cartesiana mientras que los empiristas, con Hume a la cabeza, rechazarán la noción cartesiana de una leyes lógicas ya presentes en nuestra mente en el momento del nacimiento. Para el filósofo escocés, todas las ideas surgen de la experiencia, ya sean éstas procedentes de un mundo exterior o de nuestra propia introspección. Esta corriente empirista llegará hasta el siglo XIX a través del positivismo, para el que el único conocimiento posible es el que procede de los hechos y de las relaciones entre éstos, en el ámbito de la experiencia sensible. Es el camino que guía a la Ciencia moderna hasta nuestros días.
Volviendo al concepto de inmortalidad y a su relación con la tecnología y la ciencia, esta idea de aprovechar los avances tecnológicos para perpetuarse no es nueva. Todos conocemos la leyenda de Walt Disney y su presunto tratamiento criónico a la espera de un avance científico que le permitiese recuperar su vida. A pesar de no ser cierto en su caso, sí que hay otros personajes crionizados, el más conocido el jugador de beisbol Ted Williams y existen varias empresas en EEUU que ofrecen este servicio.
En cierto modo, y siguiendo a la psicología evolutiva, tenemos cierta tendencia a creer en la inmortalidad. Los primeros homínidos ante un eventual peligro, tendían a huir y protegerse, de la misma forma que comenzaron a representar gráficamente fenómenos desprovistos de una naturaleza física. La capacidad de abstracción es la que nos permitirá crear almas, dioses y conceptos. Pero las habilidades de nuestro pensamiento no responden a la totalidad de nuestras preguntas.
Puede que el fin último de la evolución humana sea conseguir la inmortalidad, pero entonces dejaremos de ser humanidad y nos convertiremos en una nueva especie que tendrá otros problemas e inquietudes.
La lucha entre el instinto de perpetuarse y el de conservarse no se reduce, siguiendo a Unamuno, a lo que los budistas o Schopenhauer entendían como unida necesariamente al sacrificio de la individualidad, sino entendida desde el propio yo, del individuo que se niega a morir, marcado por el sello de la tragedia de la lucha entre el hambre de inmortalidad y el sentimiento de mortalidad.
Es aquí donde encajan nuestros nuevos gurús tecnológicos. Como Unamuno, se niegan a admitir que el éxito de sus vidas tenga un vulgar final, como el de el resto de los mortales.

martes, 11 de agosto de 2015

ISTRIA

La península de Istria pertenece casi en su totalidad actualmente a la República de Croacia, desde que el 25 de junio de 1991 el parlamento de la federación croata, junto al esloveno, declararan su independencia abandonando la República Socialista Federativa Yugoslava, de la que habían formado parte desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Eslovenia mantiene su única salida al mar en unos pocos kilómetros de costa istriana y también Italia tiene una pequeña porción de territorio istriano si atendemos a la frontera geográfica que tradicionalmente ha definido los límites de la península, la línea Trieste-Fiume (Rijeka).
Fue veneciana durante cuatro siglos, Napoleón la incluyó en el Reino de Italia en 1805, formando a partir de 1809 parte de las Provincias de Iliria también bajo control francés.
A partir del Congreso de Viena tras la derrota del Sire en 1814 pasa a formar parte del Imperio austrohúngaro. Está incluida dentro del Küsterland (Litoral austriaco) y tuvo una amplia autonomía dentro de éste como Margraviato de Istria (1860-1918) con capital en Pula.
Entre la Primera y Segunda Guerras Mundiales, Istria será de Italia, hasta que tras el Tratado de París de 1947 pasará a ser parte de la República Socialista Federativa Yugoslava, enclavada dentro de ésta en la República Socialista de Croacia.
Entre los libros más preciados de mi biblioteca conservo una edición del Atlas Steiler de 1907, regalo de mi abuelo Jesús. Esta imagen es de la edición de 1891 y vemos a Istria como un territorio diferente de Croacia, ambos dentro del Imperio Austrohúngaro. Todas las ciudades figuran en el mapa con su nombre italiano.
Todos estos avatares de la historia conforman un territorio diferenciado culturalmente del resto de Croacia y que da un carácter especial a sus habitantes. En la misma familia podemos encontrarnos con el bisabuelo nacido austriaco, el abuelo, italiano, el padre yugoslavo y el hijo croata.
En cuanto a su lengua, toda la población habla el croata-serbio o serbio-croata (hace unos años servocroata, con "v", ahora croata a secas aunque siga siendo el mismo idioma eslavo que los croatas escriben con alfabeto latino mientras los serbios lo hacen con el cirílico) y una gran parte de la misma el dialecto veneciano del italiano, (no confundir con el véneto, lengua romance también hablada en la zona por una minoría, diferenciada del italiano). En la costa occidental se conserva el istrioto (lengua romance) hablado fundamentalmente en Rovigno y Dignano, aunque en peligro de extinción. Y también prácticamente extinto (según algunas fuentes lo hablan sólo unas 3.000 personas) otro idioma romance propio, el istrorumano, en el Noreste (Zejane)
La huella de Venecia es patente en todo su territorio y podemos encontrar leones venecianos en sus ciudades más importantes presidiendo fachadas o puertas de entrada.


El territorio no está muy poblado y aunque las ciudades más importantes de la costa sí que tienen una afluencia notable de turistas, no es un turismo masificado. Por otra parte, tanto edificios como parques, carreteras, etc. están muy cuidados y muy limpios, aunque queden algunas construcciones de los años sesenta y setenta de la época yugoslava semiabandonadas o en proceso de adaptación a los nuevos tiempos y exigencias del turismo actual. Otro aspecto a destacar es la amabilidad de sus habitantes así como la sensación de seguridad que se respira en todo momento. También llama la atención la ausencia total de mendicidad.
Nos instalamos en Pula (Pola en italiano) y desde allí recorreremos la península en diferentes excursiones. Todas las ciudades de Istria y sus calles tienen la doble denominación en croata e italiano.
Pula conserva vestigios de su pasado romano, como su impresionante anfiteatro, el Templo de Augusto o el Arco de los Sergios.
El anfiteatro, uno de los mejor conservados, es el sexto del mundo por su tamaño. Es de planta elíptica y sus ejes miden 130 y 100 m. Podía acoger unos 23.000 espectadores sentados en sus graderíos de piedra.

Cuando llegamos estaba ocupado por el Festival de Cine de Pula, aunque antes de irnos pudimos entrar en el mismo y admirar su grandeza. Está construido extramuros de lo que fuese la antigua ciudad amurallada. Las calles de la parte antigua conservan el aire veneciano de sus edificios y plazas y están plagadas de tiendas, restaurantes y terrazas donde pasar una tarde-noche de verano disfrutando de una buena parrillada de pescados y calamares a la plancha o fritos a unos precios muy asequibles.


Al sur de Pula se extiende el Parque Nacional de Kamenjak, en Premantura donde pasar unas horas en plena naturaleza. En los alrededores muchos campings y mucho turismo local.
Subiendo por la costa occidental de Istria, en el Mar Adriático, y siempre partiendo de Pula, encontramos Fasana, puerto desde el que nos embarcamos para visitar otro espectacular parque natural, el de las Islas Brijuni.  Este pequeño paraíso es el que escogió el mariscal Tito para fijar su residencia, en la que pasó desde 1947 hasta 1980, el año de su muerte, seis meses todos los años. Sólo se pueden visitar las dos islas mayores, Veli Brijuni y Mali Brijuni.
En la primera de ellas es donde Tito tenía su casa y hay un hotel en el que se alojaban sus visitas. Con los animales exóticos que le regalaban los diferentes jefes de estado que le visitaban creó un parque safari y también introdujo diferentes especies de plantas subtropicales. Existe un museo sobre Tito con fotografías en las que se le ve junto a Josephine Baker, Elisabeth Taylor o Sophia Loren (le alabamos el gusto) y también se puede ver el Cadillac del 53 que utilizaba para sus desplazamientos por la isla (¡Qué fácil es desmontar mitos del pasado!).
También la segunda de las islas es accesible, y allí nos dirigimos para darnos un baño en una de sus playas de piedras, como todas las de Istria. Además, hay un chiringuito en el que poder tomarse una cerveza fresca.
En cuanto a Fazana (Fasana), se trata de un pequeño pueblo pesquero con mucho ambiente en sus múltiples terrazas y restaurantes.
En las calles de la parte antigua, cenamos dos veces en un recoleto restaurante de nombre Antonio, a muy buen precio como en toda la península. El plato que no falta en ninguna de las cartas son los calamares, bien fritos, bien a la plancha. Nosotros los llamaríamos txipirones por el tamaño. Su precio nos servía de referencia para comparar unos locales con otros.
Cerca de Fasana, hacia el interior visitamos Vodnjan (Dignano). De origen romano, la ciudad conserva edificios renacentistas de estilo gótico veneciano, que denotan su pasado ligado a la Serenísima, incluida la antigua logia.





En la plaza, unos entusiastas vecinos recopilan antiguos aperos y objetos ligados al pasado agrícola y vitivinícola de la ciudad. Nos invitan a pasar a pesar de estar cerrado y nos obsequian con pastas y moscatel caseros.


Siguiendo el orden geográfico de la costa hacia el norte, que no el cronológico de nuestras visitas, llegamos a Rovinj/Rovigno, la más espectacular de las ciudades que visitamos en cuanto a su emplazamiento, en una península con forma de corazón, dominado por la catedral de Santa Eufemia, considerado el edificio barroco más grande de Istria.



Rovinj estuvo emplazada en una isla hasta 1763 en que se une al continente mediante el rellenado del canal que los separaba. Como todas las ciudades de Istria, su historia está muy ligada a la de Venecia. Pasear por el casco medieval empedrado de la ciudad es un deber y hay multitud de rincones, callejuelas, patios, salidas al mar, donde poder deleitarnos. Acabamos nuestro paseo en la parte del puerto, donde se acumulan las terrazas y restaurantes, con bonitas vistas hacia la parte antigua.

Al norte de Rovinj nos encontramos Vsar (Orsera) cuyo principal atractivo es el Canal de Lim, un fiordo de unos 11 km. de profundidad en el que se crían mejillones y ostras y situado en un entorno natural protegido de gran belleza. Tanto desde Vsar como desde Rovinj ofrecen multitud de opciones para visitarlo en barca.
Siguiendo la línea de costa llegaremos al otro enclave con Rovinj más interesante de la costa occidental. Se trata de Porec (Parenzo), otro de los atractivos turísticos de Istria, Su casco antiguo, construido también sobre una pequeña península, está plagado de bellos edificios románicos, góticos y barrocos en calles empedradas llenas de vestigios de los pueblos que pasaron por ellas, destacando entre todas la herencia de Bizancio, perpetuada en la Basílica de Santa Eufrasia, del siglo VI, en la que admiramos sus mosaicos bizantinos de oro en el crucero central y en el suelo.








Alrededor de la Vía Decumanus, numerosos restaurantes donde seguir deleitándonos con los productos de la tierra. Un pequeño puerto completa la postal de la ciudad.
Continuando nuestro periplo costero, llegaremos a Novigrad/Cittanova, otro enclave medieval lleno de encanto en el que destacan las murallas y sus torres, que protegen su casco antiguo. Tradicionalmente tierra de pescadores, alberga ahora uno de los mayores puertos de recreo de la zona.
Más al norte nos encontramos con Umag, otra villa pesquera con su pequeño puerto, reconvertida a centro turístico, aunque nos pareció algo más apagada que las anteriores, y con algunos grandes hoteles cerrados. También vimos en la zona de playas los típicos edificios de apartamentos de la época de Tito, rodeados de zonas verdes, donde los ciudadanos de la república socialista pasaban sus veraneos tutelados por el Estado.

La última localidad hacia el norte de la costa istriana croata es Sabudrija, adentrándonos ya en la costa eslovena, con las localidades de Piran y Kover, que no pudimos visitar al haberse olvidado el DNI en el hotel uno de nuestros compañeros de viaje.
Hacia el interior en el norte de la península visitamos Motovun, en la denominada Toscana istriana, villa medieval en la alto de una colina a 300 m. de altitud desde la que divisamos verdes campos, viñedos y el valle del río Mirna, donde se recoge la preciada trufa, otro de los atractivos de la zona.
La huella veneciana de cinco siglos es patente en sus calles empedradas, conservando además la más antigua de las esculturas de león veneciano existentes.
Sobre sus puertas los turistas nos afanamos por encontrar al león sonriente.



Otra localidad norteña, aunque esta vez más hacia el este, es Hum/Colmo, publicitada en las guías como la ciudad más pequeña del mundo, con sus 17 habitantes, lo que sería discutible, aunque no la belleza de sus dos únicas calles. Cuesta llegar por una estrecha carretera, pero merece la pena. Fue uno de los centros más conocidos de la escritura glagolítica a partir del siglo XI. El alfabeto glagolítico fue usado aquí hasta finales del siglo XIX y es el más antiguo de los alfabetos eslavos que se conocen.


En el centro geográfico de la península visitamos Pazin/Pisino, capital administrativa de la región, sin mucho atractivo, más allá de su castillo, desde el que Mathias Sandorf , el héroe de la novela de Julio Verne, consigue escapar con sus cómplices para desaparecer por el fiordo de Lim.
En la carretera que nos lleva de Pula a la costa oriental, volviendo de visitar esta zona, nos detuvimos por casualidad en la localidad de Barban. Este pequeño pueblo fue una ciudad fortificada durante la Edad Media, de lo que aún conserva algún vestigio. Para entrar en la plaza atravesaremos la Velika Vrata (Gran Puerta, 1717). Atraídos por el sonido del acordeón nos encontramos con que celebraban un festival popular de música. La melodía nos sonaba muy familiar y si además del acordeón cromático tradicional escuchábamos como era el caso, el diatónico, estábamos oyendo trikitrixa. Podíamos estar en una plaza de cualquier pueblo guipuzcoano, pero estábamos en Croacia.
Como es sabido, la trikitixa la introdujeron en Euskal Herria los dinamiteros piamonteses del norte de Italia que vinieron a trabajar a mediados del Siglo XIX con la construcción del Ferrocarril del Norte, sobre todo para perforar los grandes túneles como el de Zumárraga. La presencia italiana en Istria les dejó un legado similar.
En cuanto a las ciudades que visitamos en la costa oriental, la primera de ellas fue Rabac, en la bahía de Kvarner, antiguo pequeño pueblo de pescadores ahora convertido en centro vacacional que popularizaron algunas de las familias más pudientes de Croacia, construyendo grandes villas en sus escarpadas laderas.

Unos pocos kilómetros antes de llegar merece la pena detenerse en Labin/Albona, ciudad con una larga historia y antiguo centro minero. Capital de la minería istriana del carbón hasta la década de los 70 del pasado siglo, su subsuelo quedó hecho un auténtico queso gruyere que provocó que estuviese a punto de derrumbarse. En la parte baja de la localidad aún podemos ver las torretas de acceso a los pozos. El año 1921 los mineros en huelga proclamaron la República de Albona, con un programa socialista.
Todavía quedan nostálgicos de su pasado como denotaban algunas pintadas con la hoz y el martillo o un bosque con algunos árboles talados en lo alto de la montaña formando el nombre Tito, perfectamente apreciable desde la carretera que nos conducía a la ciudad.
La parte alta es un sorprendente y decadente conjunto de antiguos palacios e iglesias venecianas, en estilos renacentista y barroco y la logia de 1550. En la cúspide, desde los bastiones venecianos que defendían la ciudad, podemos disfrutar de una preciosa vista.




Y como colofón a nuestra visita istriana, ya camino de Zagreb donde cogeríamos el vuelo de regreso, nos detenemos en otra lujosa ciudad costera de la bahía de Kvarner, Opatija/Abbazia, desde finales del siglo XIX, centro de salud e invierno del Imperio Austro Húngaro hasta la Primera Guerra Mundial. Aún quedan en pie muchos viejos hoteles vestigio de su esplendoroso pasado; Francisco José I y su mediática esposa Sissi, el compositor Gustav Mahler, la bailarina Isadora Duncan o el escritor Antón Chéjov pasaron grandes temporadas aquí.


Como siempre, no hemos podido ver todo lo que nos hubiese gustado, pero nos llevamos una gratísima impresión de esta península bañada por el Adriático, de agitada y convulsa historia, con una situación geográfica codiciada por todos los que han querido dominar los mares mediterráneos